¿Y todo este gasto merece la pena?

 Fitur 2013 a punto de terminar mientras escribo este post y la reflexión como expositor creo que es obligada.

¿Y todo este gasto merece la pena?

La respuesta no será igual para todos ya que dependerá mucho de los objetivos planteados por cada empresa participante y de cómo hayan preparado su estrategia para alcanzar dichos objetivos.

Dependerá de su tipología, es decir, de si su modelo de negocio es entre empresas o si se dirige al cliente final, también influirá su penetración o reconocimiento de marca en el mercado, o si el evento es utilizado para contactar con clientes, con proveedores o con ambos a la vez, en definitiva no creo que podamos dar una respuesta única y que sea válida para todos los casos.

Eso sí, cada uno de los participantes tendremos que hacer nuestro propio análisis interno y ver en qué grado hemos sido capaces de alcanzar los objetivos previstos. Aunque incluso sobre este punto también encontraremos diferencias, pues el planteamiento será distinto si lo que queremos medir es la notoriedad de la marca, los clientes nuevos contactados, o los acuerdos materializados. En cualquiera de los casos, el famoso ROI o retorno sobre la inversión y su resultado, es algo que nos debe preocupar y nos debe hacer reflexionar a todos los que tenemos alguna responsabilidad sobre la participación de nuestras empresas.

Dicho lo anterior, comparto con vosotros 8 reflexiones observadas y comentadas con varios colegas a lo largo de estos días de feria

  1. En los últimos años la afluencia de participantes y de público es menor, es decir, es una feria que pierde atractivo cada año.
  2. Los famosos atascos de entrada y salida en el parking de la feria ya hace años que se olvidaron, un reflejo más del primer punto.
  3. Los espacios abiertos, vacíos y zonas comunes ubicadas entre los expositores son ya una norma.
  4. Los efectos del alcohol en los visitantes, antes muy habituales, cada vez son menores, lo cual a mi juicio es un indicador de que la feria pierde connotaciones lúdicas y gana en profesionalidad.
  5. Las reuniones cada vez son más efectivas y productivas, lo cual en parte está ligado con el punto anterior.
  6. FITUR, también llamada durante mucho tiempo la Feria de las Vanidades, poco a poco deja de serlo. Cada vez se ven más stands con estructuras sencillas y espacios más reducidos que evidencian unos costes comedidos.
  7. La no asistencia de empresas representativas del sector ya no se ve como una debilidad de estas, sino como una valentía o cuando menos como un planteamiento perfectamente válido y aceptado.
  8. Quien más tiene que decir y más puede hacer por la transformación y la revitalización de FITUR es la propia organización.

En definitiva, independientemente de resultados particulares, y de algunos aspectos positivos generales, que también los hay, estoy convencido que la feria en su conjunto, necesita una profunda y urgente transformación si no quiere entrar en decadencia. ¿Se te ocurre por donde podemos empezar?

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